Arquitectura de diversión
Los Teatros
La Orchestra romana no
se utiliza para el coro y los actores; viene a ser una especie de patio de
butacas para los asistentes distinguidos. Es menor que la griega y queda
reducida a un semicírculo.
La Scena es más grande;
se eleva y se adorna. En ella representan los actores ante un fondo fijo. Tal
vez sea ésta la modificación más notable. Lo constituye un alto muro plantado
detrás del escenario, ornamentado con esculturas, columnas y frescos alusivos,
que hace el oficio de telón de fondo.
Para recoger y ampliar
la voz de los actores algunas veces el muro de fondo suele presentarse hundido
en forma de concha. La gran diferencia entre el teatro griego y el romano
estriba en el modo de emplazarlo.Los griegos aprovechan las laderas de las
colinas.
El arquitecto romano no
se preocupa tanto por el terreno ni sus declives; el teatro es un edificio
urbano, por eso prescinde de las vistas del mar o del llano.
Los romanos edifican sus
teatros en terreno liso y le dan la forma de un edificio semicircular.
Los Anfiteatros
El anfiteatro es una
creación netamente romana.
Se destinaban a
espectáculos bárbaros; combates de gladiadores, luchas a muerte con fieras y, a
veces, simulacros de abordajes y combates navales. El anfiteatro se desarrolla
sobre una planta elíptica, completamente rodeada de graderías para los espectadores.
Constaba de las
siguientes partes:
La arena o patio central
donde se desarrollaban los juegos y contiendas.
El podium o parapeto
elevado en torno a la arena para impedir cualquier ataque de las fieras. Esta
pared solía ser resbaladiza; otras veces estaba precedida por un foso con agua.
El cubículum o palco de
honor, destinado al emperador y su séquito de nobles.
El editoris tribuna,
otro palco, frente al anterior, donde se colocaban los cónsules y pretores.
(Ambos palcos se
ubicaron en los extremos del eje menor de la elipse).
El interior del enorme
edificio estaba cruzado por galerías, bóvedas, pasadizos y escalinatas. Bajo la
arena estaban las dependencias subterráneas: trampas, jaulas y celdas para los
gladiadores y fieras.
El mayor es el Coliseo de
Roma o anfiteatro de Flavio.
Lo comenzó Vespasiano en
el año 72 d.C. y lo acabó Tito en el año 80.
Coliseo de Roma.
El Circo
Se inspiraba en el
hipódromo griego. Era de planta rectangular, bastante alargada, con uno de sus
extremos semicircular.
En el centro de la pista
había un muro longitudinal (la spina) donde se levantaban columnas y estatuas.
Su objeto era impedir cualquier fraude durante las carreras de cuadrigas.
Alrededor de la pista
estaban las graderías para los espectadores.
Circo romano.
Las Termas
Eran construcciones
lujosas, amplias y magníficas, decoradas interiormente con ricos mármoles y
pavimentos de mosaicos, de vivos colores con motivos alusivos a la natación.
Las bóvedas estaban cubiertas de artísticos artesonados.
El edificio, inmenso y
complejo, tenía un recinto exterior y un cuerpo queALBERGABA
los
departamentos destinados a los baños calientes, templados y fríos. Existía
también el “sudatorium”, dependencia destinada a los baños de vapor.
Tenían también palestras
o gimnasios para los ejercicios de cultura física. Y a menudo, una biblioteca,
pórticos y galerías donde celebrar reuniones y conversar los intelectuales.
Las más suntuosas en
riqueza y dimensiones fueron las de Dioclesiano y Caracalla, en Roma.
El Foro
Viene a ser como la
réplica del ágora griega.
Solía ser una plaza
espaciosa, en un lugar céntrico de la ciudad.
En torno a ella se
alzaban los principales edificios públicos, lo cual le daba un riquísimo
aspecto arquitectónico.
Los romanos eran muy
aficionados a las reuniones; el foro era el lugar elegido para ellas. En él se
llevaban a cabo los actos importantes de la República, como los comicios. Pero
el foro podía ser también mercado, tribuna para los oradores, academia de los
filósofos y hasta mentidero público.
La llegada del Imperio
marca la época del embellecimiento de Roma. Uno tras otro, los emperadores rivalizan
entre sí por dejar una obra artística que ofusque a la de su predecesor.
De este modo, al final
del Imperio, Roma contará con numerosos y suntuosos foros. El de Augusto y el
de Trajano fueron monumentales.





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