martes, 6 de diciembre de 2016

ARQUITECTURA DE LA DIVERSIÓN - ROMA

Arquitectura de diversión

Los Teatros
Siguen el plan griego pero con ligeras modificaciones:
La Orchestra romana no se utiliza para el coro y los actores; viene a ser una especie de patio de butacas para los asistentes distinguidos. Es menor que la griega y queda reducida a un semicírculo.
La Scena es más grande; se eleva y se adorna. En ella representan los actores ante un fondo fijo. Tal vez sea ésta la modificación más notable. Lo constituye un alto muro plantado detrás del escenario, ornamentado con esculturas, columnas y frescos alusivos, que hace el oficio de telón de fondo.
Para recoger y ampliar la voz de los actores algunas veces el muro de fondo suele presentarse hundido en forma de concha. La gran diferencia entre el teatro griego y el romano estriba en el modo de emplazarlo.Los griegos aprovechan las laderas de las colinas.
El arquitecto romano no se preocupa tanto por el terreno ni sus declives; el teatro es un edificio urbano, por eso prescinde de las vistas del mar o del llano.

Los romanos edifican sus teatros en terreno liso y le dan la forma de un edificio semicircular. 
Reconstrcción: Teatro Marcelo, Roma.
Los Anfiteatros
El anfiteatro es una creación netamente romana.
Se destinaban a espectáculos bárbaros; combates de gladiadores, luchas a muerte con fieras y, a veces, simulacros de abordajes y combates navales. El anfiteatro se desarrolla sobre una planta elíptica, completamente rodeada de graderías para los espectadores.
Constaba de las siguientes partes:
La arena o patio central donde se desarrollaban los juegos y contiendas.
El podium o parapeto elevado en torno a la arena para impedir cualquier ataque de las fieras. Esta pared solía ser resbaladiza; otras veces estaba precedida por un foso con agua.
El cubículum o palco de honor, destinado al emperador y su séquito de nobles.
El editoris tribuna, otro palco, frente al anterior, donde se colocaban los cónsules y pretores.
(Ambos palcos se ubicaron en los extremos del eje menor de la elipse).
El interior del enorme edificio estaba cruzado por galerías, bóvedas, pasadizos y escalinatas. Bajo la arena estaban las dependencias subterráneas: trampas, jaulas y celdas para los gladiadores y fieras.
El mayor es el Coliseo de Roma o anfiteatro de Flavio.
Lo comenzó Vespasiano en el año 72 d.C. y lo acabó Tito en el año 80.
Sus dimensiones, 788 por 156 metros, le hacían capaz para ALBERGAR  60,000 personas.
Coliseo de Roma.
El Circo
Se inspiraba en el hipódromo griego. Era de planta rectangular, bastante alargada, con uno de sus extremos semicircular.
En el centro de la pista había un muro longitudinal (la spina) donde se levantaban columnas y estatuas. Su objeto era impedir cualquier fraude durante las carreras de cuadrigas.
Alrededor de la pista estaban las graderías para los espectadores.

Circo romano.
Las Termas
Eran construcciones lujosas, amplias y magníficas, decoradas interiormente con ricos mármoles y pavimentos de mosaicos, de vivos colores con motivos alusivos a la natación. Las bóvedas estaban cubiertas de artísticos artesonados.
El edificio, inmenso y complejo, tenía un recinto exterior y un cuerpo queALBERGABAhttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.pnglos departamentos destinados a los baños calientes, templados y fríos. Existía también el “sudatorium”, dependencia destinada a los baños de vapor.
Tenían también palestras o gimnasios para los ejercicios de cultura física. Y a menudo, una biblioteca, pórticos y galerías donde celebrar reuniones y conversar los intelectuales.
Las más suntuosas en riqueza y dimensiones fueron las de Dioclesiano y Caracalla, en Roma.

El Foro
Viene a ser como la réplica del ágora griega.
Solía ser una plaza espaciosa, en un lugar céntrico de la ciudad.
En torno a ella se alzaban los principales edificios públicos, lo cual le daba un riquísimo aspecto arquitectónico.
Los romanos eran muy aficionados a las reuniones; el foro era el lugar elegido para ellas. En él se llevaban a cabo los actos importantes de la República, como los comicios. Pero el foro podía ser también mercado, tribuna para los oradores, academia de los filósofos y hasta mentidero público.
La llegada del Imperio marca la época del embellecimiento de Roma. Uno tras otro, los emperadores rivalizan entre sí por dejar una obra artística que ofusque a la de su predecesor.
De este modo, al final del Imperio, Roma contará con numerosos y suntuosos foros. El de Augusto y el de Trajano fueron monumentales.






ARQUITECTURA PARA LA CIVILIZACIÓN - ROMA



LaLa Basílica Romana es una amplia construcción rectangular cuyo fondo -cabecera circular- (ábside o tribuna) está reservado para el tribunal y separado del patio público por una balaustrada. El interior se dividía en tres partes, mediante dos filas de columnas: una central más ancha, y dos laterales, estrechas.


Estaba destinada a transacciones comerciales, administración de justicia o cualquier otra actuación de la vida civil.


Su fachada se constituirá con fragmentos de fachada griega yuxtapuestos con gusto, pero sin lógica, o modificados típicamente por la introducción del arco a fin de salvar los vanos.

ESTRUCTURAS RELIGIOSAS

Arquitectura religiosa


Los Templos
Al igual que en el estilo griego, son generalmente de planta rectangular, pero más reducidos. Bastantes pormenores los diferencian.
El estilóbato está reemplazado por un podio o pared que levanta el templo a mayor altura. Una escalinata permite el acceso y da un aspecto peculiar a la fachada.
Las columnas griegas del tipo períptero se transforman en pilastras empotradas en el muro; su función es meramente decorativa. ( Maison Carrée- Nimes, Francia).

Maison Carrée- Nimes, Francia.
Ventanas laterales dan luz a la cella.
El techo tiene mayor inclinación. En consecuencia el frontón de la fachada toma mayor altura, perdiendo así las proporciones tan delicadas del templo griego.
No faltan graciosos templetes del tipo monóptero. ( Templete de Vesta- Roma).
Templete de Vesta, Roma.
  
El Panteón de Agripa es un ejemplar extraordinario que merece una mención especial.

Su planta es un círculo de 40 metros de diámetro interior sin ninguna abertura excepto la puerta de entrada.

Panteón de Agripa, Roma.
Las paredes miden 8 metros de espesor, lo que ha permitido abrir en su interior nichos muy decorativos sin miedo a disminuir la resistencia necesaria para soportar el enorme peso de la cúpula.
Esta constituye un triunfo de la ingeniería. Es una semiesfera de 40 metros de diámetro. Su estabilidad se ha conseguido merced al estudiado reparto de su espesor, conforme con los principios de estabilidad de arcos y bóvedas.
La clave central ha sido ingeniosamente sustituida por una corona formando un lucernario, única abertura por donde pueden entrar el aire, la luz y la lluvia.
Si bien el ingeniero logró un verdadero acierto, no así el artista que diseñó su fachada. Este es un ejemplo típico del empleo ilógico de los elementos decorativos griegos; como sucede con el frontón, si utilidad ninguna ni en relación con la masa de la bóveda.


EL ARCO - ARQUITECTURA ROMANA

El Arco:


El Arco fue el elemento más usado. Lo emplearon para coronar o cerrar las puertas y ventanas, en vez del dintel horizontal. El arco se compone de varias piezas talladas (dovelas) que se apoyan entre sí. La pieza del centro (clave) completa la curva y con su presión mantiene todas las demás.

Los romanos emplearon varias clases de arco:
  • De medio punto.
  • Escarzano.
  • Rebajado.
  • Dintel adovelado.








LA BÓVEDA ROMANA

BÓVEDA 

Las bóvedas y las cúpulas, a veces artesonadas (Termas, Panteón) constituyen la principal innovación de los romanos.
El arco y la bóveda los heredaron de los etruscos, pero los romanos los llevaron a una notable perfección.
Emplearon varias clases de bóvedas:


  • Bóveda de medio cañón. Era la más usada para cubrir plantas rectangulares.
  • Bóvedas de aristas. Está formada por dos bóvedas de cañón que se cruzan entre si perpendicularmente: se emplea para cubrir habitaciones cuadradas.
  • Bóveda en cúpula o semiesférica. La emplearon en las construcciones circulares. Suele apoyarse sobre un muro cilíndrico.
  • Bóveda en semicúpula o ábside. La emplearon en los nichos.

















ROMA- ARQUITECTURA - ELMENTOS CONSTRUCTIVOS

ELEMENTOS CONSTRUCTIVOS

Arquitectura en la antigua Roma

Si hay algo por lo que se caracterizaron los romanos es por haber sido excelentes constructores. Sus grandes monumentos, acueductos, estadios, caminos y demás son una prueba clara de ellos. Basicamente la arquitectura romana se caracterizaba por lo siguiente:
Es grandiosa y sólida y tiende al colosalismo.
Utiliza los arcos y las bóvedas como base de su sistema de construcción; posterga las cubiertas planas, en uso entre los griegos.
Emplea el mortero y el ladrillo.
·         Inventa gran variedad de plantas para sus edificios.
·         En las grandes fachadas superpone los diversos órdenes.
·         En los muros abundan las ventanas.
·         Los recintos son grandes (gracias a las bóvedas de aristas y de cañón).
·         Es un arte completamente utilitario y práctico.



Los Órdenes
Son los mismos del arte griego, ligeramente modificados bajo las influencias combinadas del arte etrusco, y su propio temperamento. Ambas influencias han dado lugar a los órdenes propiamente romano: el toscano, el jónico y el compuesto. El orden toscano o etrusco, es una derivación del dórico.

• Su columna tiene una base sencilla; el fuste no es estriado sino liso; el capitel es más alto que en el dórico; tiene astrágalo. Su equino recibe frecuentemente una decoración y su ábaco es moldurado.
• El entablamento suele ser muy sencillo.

• El orden jónico romano solo se diferencia del griego en un pormenor de su capitel: la curva que en el griego reúne las volutas, es una recta en el romano.
• Pero el orden preferido por los romanos fue el corintio, el cual desarrollaron sustituyendo las hojas de acanto por las de otras plantas y las volutas de ángulo por cabezas de carnero o del caballo Pegaso.

• El orden compuesto es típicamente romano y es el más suntuoso.

• Su capitel es una mezcla del jónico (volutas) y del corintio (hojas de acanto) reunidos.

• Las volutas se proyectan más hacia afuera, siguiendo las diagonales del ábaco; las hojas de de acanto son más vistosas y esbeltas.

• El fuste es estriado. El arquitrabe está dividido en tres bandas y adornado con grecas (adorno formado por una faja más o menos ancha en que se repite la misma combinación de elementos decorativos), guirnaldas, volutas, arabescos florales y otros motivos abstractos.













LOS GRAVES PROBLEMAS DEL IMPERIO ROMANO - ARTE

AGRAVES PROBLEMAS:

 
Cómodo:
Con el reinado de Cómodo acababa la Edad de Oro del Imperio y comenzaba la Edad de Hierro. Su primera decisión fue firmar a presurosamente la paz con los bárbaros. Incapaz de enfrentarse con valor al enemigo, era sin embargo un gran aficionado a los combates de gladiadores, y le gustaba mezclarse con estos hombres de baja condición, contra los que combatía con espadas sin filo y tridentes sin punta.
De regreso a Roma, Cómodo dio rienda suelta a su carácter violento y a sus delirios de grandeza: quiso que los romanos le rindieran culto como a Hércules, cambió a su antojo los nombres de los doce meses, e incluso el de la propia Roma, que se convirtió en la Colonia Nova Commodiana.
El primer día del año 193, considerando que con ello agradaría a los dioses, tenía planeado sacrificar a los dos cónsules, después de que éstos, ignorantes de su destino, concluyeran el desfile ritual que inauguraba el año. Pero el 31 de diciembre, antes de que pudiera llevar a cabo sus planes, fue estrangulado en el baño por uno de sus esclavos.
Cambio de dinastía: los Severos:
A su muerte, el Senado, que ya había perdido casi todo su poder, dejó hacer a los soldados, pues en lo sucesivo sería la fuerza de las legiones la que decidiría el futuro de Roma. Tras varios meses de incertidumbre, se hizo con el poder Septimio Severo, el primer emperador proveniente del norte de África, que inauguraba la dinastía de los Severos.
Estos emperadores rudos, pero buenos administradores, impusieron un corto período de estabilidad.
La ciudadanía romana:
El sucesor de Septimio Severo, Caracalla, es recordado en todos los libros de Historia por haber concedido la ciudadanía romana a todos los HABITANTES del Imperio, en el año 212.
La condición de ciudadano había sido un codiciado bien al alcance de muy pocos a comienzos del Imperio, pero se había ido extendiendo progresivamente con el paso del tiempo, hasta el punto de que la medida de Caracalla, destinada en realidad a aumentar los contribuyentes para poder pagar más soldada a las tropas, no tuvo demasiada trascendencia práctica, pero sí simbólica.
Roma había dejado de ser una ciudad que gobernaba en su provecho territorios obtenidos por conquista, para convertirse en un solo Imperio en el que todos sus HABITANTES eran iguales, sin importar el lugar de nacimiento.
Estas transformaciones, casi imperceptibles para sus contemporáneos, conducirían poco a poco a que Roma fuera una ciudad más dentro de su propio Imperio, y darían comienzo a su lenta decadencia.


Fin de la dinastía:
Caracalla fue un emperador cruel, capaz de asesinar a su propio hermano, Geta, en presencia de su horrorizada madre. Creyéndose él mismo una reencarnación de Alejandro Magno, arrastró al imperio a una inoportuna campaña en Oriente para emular las conquistas del Macedonio. Como tantos otros emperadores indignos, murió asesinado, mientras preparaba una campaña en Siria, en el año 217.
La gran confusión del siglo III:
El final de la dinastía de los Severos abrió uno de los siglos más confusos de la Historia del Imperio: el siglo III. En él se sucedieron medio centenar de emperadores, algunos de los cuales permanecieron apenas unos días en el trono. Mientras generales sin escrúpulos se disputaban la púrpura y arrastraban a las legiones a la Guerra Civil, los bárbaros asediaban las fronteras, la población se empobrecía y las provincias se sumían en el caos. Por momentos llegó a parecer que el Imperio había llegado a su fin, que todo se perdería en un remolino de lucha y sangre.
Las reformas de Diocleciano
Durante el siglo III Roma se hallaba sumida en el caos y su final parecía inminente. Sin embargo, un oscuro general de origen humilde, Diocleciano, consiguió tomar de nuevo las riendas del poder con mano firme, y el año 285 inauguró una era de reformas que asegurarían la supervivencia del Imperio durante casi dos siglos más en Occidente y mil años en Oriente.
Diocleciano se percató de que un solo emperador no era suficiente para atender todas las necesidades del Impero y decidió dividir sus dominios en dos, colocando la línea divisoria en laPENÍNSULAhttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png balcánica. Fundó así la famosa tetrarquía: cada parte del imperio (la oriental y la occidental) sería gobernada por un emperador, con el título de augusto, que a su vez tendría como subordinado a una especie de vice-emperador, llamado César, que atendería a la seguridad de las fronteras.
Constantino:
Con ciertas modificaciones, sus reformas fueron mantenidas y continuadas por Constantino. Pero el reinado de este emperador merece una atención particular por dos hechos fundamentales:
1) El año 313 d.C. Constantino declaró la libertad de cultos en todo el Imperio, y el Cristianismo, tantas veces perseguido, inició entonces el largo camino que le convertiría en la religión oficial de Roma.
2) Además, este emperador fundó la nueva ciudad de Constantinopla, a la que convirtió en capital imperial. De este modo, mil años después de su fundación, Roma quedaba reducida a una ciudad secundaria dentro del Imperio que ella misma había creado.
Durante todo el siglo IV, las profundas reformas de Diocleciano permitieron administrar, con muchas dificultades, un imperio acosado por los bárbaros y debilitado por el empobrecimiento de sus provincias. Los escasos recursos del Estado no daban abasto para sofocar todos los intentos de invasión de unos pueblos atrasados que deseaban alcanzar el Imperio no ya para destruirlo, sino para disfrutar de sus ventajas.
Teodosio divide el Imperio:
Finalmente, el año 378 subió al trono el hispano Teodosio, llamado el Grande. Obligado a defender las fronteras sin disponer apenas de tropas, Teodosio comenzó a servirse de forma masiva de soldados bárbaros, y firmó un tratado con los godos, a los que ofreció la posibilidad de asentarse en territorio romano, a cambio de que sirvieran en las legiones.
Además, Teodosio convirtió el Cristianismo en religión oficial de Roma, al tiempo que prohibía la práctica del paganismo. La Iglesia y la fe de Cristo se identificaron con el Imperio, y los cristianos, otrora perseguidos, comenzaron a ocupar los altos cargos de la administración. La excelente organización de la Iglesia alcanzaba lugares a los que no llegaba la administración romana, y con el tiempo ocuparía en parte su lugar.

Buscando una última solución desesperada a los problemas del Imperio, Teodosio decidió repartirlo a su muerte (395 d.C.) entre sus dos hijos, dando comienzo a la histórica división, que será ya definitiva, entre Oriente y Occidente. El imperio de Occidente quedó a cargo de Honorio, y el de Oriente en las manos de Arcadio.
















ROMA EN EL SIGLO II

La Edad de Oro del Imperio
La llegada al trono de Trajano, en el año 98 d.C. inauguró la era más gloriosa del Imperio, el siglo en el que Roma alcanzó su máximo esplendor y desarrollo.
El logro del equilibrio:
Durante varias generaciones, el Imperio estuvo gobernado por emperadores extraordinariamente capaces. Los reinados de estos hombres fueron largos y prósperos, y cuando morían, la sucesión tenía lugar pacíficamente, cediendo su lugar al más capacitado para ejercer el poder.
Trajano gobernó Roma durante 19 años, su sucesor Adriano 21, Antonino Pío 23 y Marco Aurelio, el emperador filósofo, 19. Parecía que por fin, se había conseguido conjurar definitivamente el fantasma de las guerras civiles, que el Imperio había alcanzado un equilibrio perfecto y que ya nada podría destruirlo.
De hecho, el siglo II es conocido como el siglo de Oro del Imperio Romano. Durante esta centuria se extendió por todas partes una sensación de plenitud y perfección. Se construyeron acueductos, nuevas calzadas y grandes edificios públicos. El Imperio se podía recorrer de punta a punta sin temor a los bandidos y a la prosperidad económica se sumó un extraordinario florecimiento cultural.
Tres grandes emperadores:
Trajano, el gran general, aportó a Roma sus últimas conquistas -la Dacia, Arabia y Mesopotamia- llevando las fronteras hasta su máxima expansión.
Su sucesor, Adriano, juzgó que el Imperio no debía extenderse más, y que era el momento de aumentar la cohesión de sus vastos dominios. Viajero infatigable, recorrió todas sus provincias para mejorar su funcionamiento y asegurar sus fronteras.
A su muerte, comenzó el tranquilo reinado de Antonino Pío, un hombre tan bondadoso y clemente, que parecía no un emperador sino un padre quien estaba al frente del Imperio.
Primeros signos preocupantes:
Sin embargo, bajo su sucesor Marco Aurelio, que fue también un magnífico gobernante, comenzaron a aparecer los primeros síntomas de que la Edad de Oro estaba llegando a su fin.
Los bárbaros, ansiosos por alcanzar las riquezas de Roma, asediaban todas las fronteras del Imperio. Cuando los ataques eran lanzados por guerreros, las legiones romanas podían rechazarlos con cierta facilidad. Pero pronto comenzaron a llegar tribus enteras: hombres, mujeres, niños y ancianos, grandes oleadas de gente hambrienta llegadas de Europa Central y las estepas rusas. Estas masas migratorias, detenidas contra la barrera que marcaba el límite del Imperio, no buscaban presentar batalla, sino nuevas tierras en las que asentarse, y contra ellos no cabía emplear el recurso de las armas.
El Imperio, que había alcanzado con Trajano su máxima expansión, comenzará a contraerse a partir de Marco Aurelio. Este príncipe filósofo, amante de la paz, y autor de algunas de las obras más interesantes del pensamiento romano, se vio obligado a combatir sin descanso en la frontera del Danubio. Pero Roma ya no peleaba para conquistar nuevos territorios, sino para defenderse, y a partir de este momento, cada derrota supondría la pérdida de una parte de sus dominios.
La sucesión de Marco Aurelio:

Para acabar de empeorar las cosas, un hombre tan sabio como Marco Aurelio se dejó cegar por el afecto a los de su propia sangre, rompiendo el excelente sistema de sucesión que tan bien había funcionado durante todo el siglo. En lugar de elegir al hombre más adecuado para sucederle, entregó el imperio a su hijo Cómodo, a pesar de que éste había dado muestras de una crueldad que el ejercicio del poder sólo podría acentuar.

ROMA EN LA EDAD MEDIA

EDAD MEDIA - ROMA

Los territorios ocupados por las tribu germánicas estaban más allá de las fronteras, el limes. Cambios climáticos desfavorables, incrementos demográficos y el avance de los hunos por el este de Europa serán las causas de las grandes migraciones de pueblos bárbaros que se producen desde el siglo IV. Importantes grupos de germanos se establecen en los confines del Imperio en calidad de federados. En la centuria siguiente los germanos se empezarán a asentar en territorio imperial propiamente dicho. 


La península Itálica recibió la llegada de los visigodos en un primer momento, marchando Alarico sobre Roma en el año 401, poniendo sitio a la urbe. Las tropas visigodas se retiran tras el pago de un fuerte tributo, pero regresarán 9 años más tarde para tomar y saquear la ciudad, lo que supuso un importante golpe psicológico para la maltrecha moral imperial. La caída del Imperio Romano de Occidente se produce en el año 476, en el momento en que Rómulo Augústulo es depuesto por Odoacro, el jefe de los hérulos. Roma ya había iniciado su decadencia desde que Constantino eligió Constantinopla como capital del Imperio en el año 330, pero aún sigue siendo durante mucho tiempo la ciudad más importante del mundo occidental. La disolución del Imperio Romano occidental provocará la creación de un amplio mosaico de reinos germánicos. Italia queda dominada por Teodorico y los ostrogodos. Uno de los objetivos del nuevo monarca será luchar contra Bizancio, por lo que pone en marcha un sistema de alianzas entre los pueblos germánicos para acabar con el imperio oriental. La guerra con Bizancio durará casi 20 años, entre 535-553, y Justiniano obtendrá la victoria, apoderándose de toda la península y estableciendo una nueva división administrativa con diversos ducados, entre ellos Roma. La ciudad salió irreconocible del conflicto, propiciándose importantes reformas como la desaparición del Senado, último vestigio del orden clásico. Pero el dominio bizantino durará poco ante el avance lombardo. En el año 572 Pavía es conquistada y los lombardos se asientan en la llanura del Po. Italia queda dividida en dos soberanías: al norte los lombardos y al sur los bizantinos. Roma queda en manos bizantinas.
Durante el reinado de Liutprando se busca la unificación de la península italiana en manos lombardas y se emprende el ataque contra el ducado de Roma. Las donaciones y cesiones territoriales que este monarca hace al pontífice supondrán el inicio del poder temporal de la Santa Sede. El dominio bizantino en la Italia central llegará a su fin gracias a la intervención de Pipino, mientras que su hijo Carlomagno acabará con el reino lombardo cuando Pavía sea conquistada en 774. Desde ese momento, el rey de los francos dispondrá de la capacidad de intervenir en los asuntos italianos. Roma formará parte de los Estados Pontificios, reconocidos gracias a la falsa "Donación de Constantino". Este falso documento fue realizado entre los siglos VIII y IX; pretende ser un decreto imperial dictado por Constantino en el año 313 en el que se reconoce la dignidad de soberano al papa Silvestre I, al tiempo que se le hace donación de la ciudad de Roma, las provincias de Italia y todo el Occidente. De esta manera se justificaba el poder temporal de los pontífices. Puesta en tela de juicio la autenticidad del documento ya en época medieval, fueron los humanistas del siglo XV quienes demostraron definitivamente que era una falsificación. 

Las disputas por el poder en Italia se suceden tras la muerte de Carlos III el Gordo. Roma se ve también envuelta en los conflictos, cayendo en poder de los señores feudales y los nobles romanos que aprovecharon el debilitamiento carolingio, la crisis de la autoridad pontificia y el alejamiento de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico. Los duques de Spoleto en el siglo IX, así como Teofilacto, Crescencio y los condes de Túsculo en los siglos X y principios del XI serán los encargados de llevar las riendas de la región. En esta última centuria se producirá la formación de dos partidos en Italia: los gibelinos, partidarios de los soberanos germánicos, y los güelfos, defensores del poder temporal del papa. Roma será también escenario de estos conflictos, sufriendo sus consecuencias, especialmente cuando el emperador Enrique IV asedie y conquiste la ciudad, respondiendo a un decreto de Gregorio VII -"Dictatus Papae"- en el que se oponía a la injerencia del Imperio en los asuntos de la Iglesia, al tiempo que el papa, como dirigente supremo de la Iglesia Universal, tendría la potestad exclusiva de nombrar y deponer a obispos y reyes, ya que éstos, al recibir el poder como dignatarios de Dios, son también dignatarios de la Iglesia. Ante el ataque imperial, el pontífice llamó al normando Robert Guiscard. El emperador fue expulsado y buena parte de Roma fue destruida y saqueada, lo que provocó la huida del papa ante la ira popular.
Las luchas entre el pontífice y el emperador continúan, a pesar de la política conciliadora inaugurada por Urbano II. El resultado será la separación entre potestad papal y potestad imperial que pondrá fin al sistema cesaropapista instaurado por los Otones. La Iglesia pierde poder temporal pero aumenta su autoridad, que pretende extender a sus Estados, la ciudad de Roma entre ellos. La férrea autoridad papal provocará el estallido de una rebelión popular en 1143, liderada por Arnaud de Brescia. Se instaurará un gobierno republicano -Comuna- y se creará un Senado independiente de la nobleza y del papado. El papa es expulsado de la ciudad y solicita la ayuda de Federico I, quien pide a cambio ser coronado emperador por el pontífice. Federico Barbarroja reprime la revuelta y manda ejecutar en la hoguera a Arnaud, restituyendo al papa Adriano IV en su trono. La Comuna es reconocida formalmente por el pontífice, viviendo un periodo de esplendor que se culmina con la creación del cargo de senador único en 1191.

En los siglos XII y XIII el Papado alcanzará el punto culminante de su poder, apoyándose desde ese momento en Francia. El fracaso de las Cruzadas hará de Roma la primera ciudad-santuario para los cristianos. Las peregrinaciones a la ciudad serán continuas y proporcionarán a buena parte de los romanos pingües beneficios, especialmente a los clanes nobiliarios. Las presiones a la Curia Cardenalicia para la elección de los pontífices será cada vez mayor por parte del pueblo y de los nobles, lo que provocará el traslado de la Santa Sede a Avignon entre los años 1309 y 1377. Durante este periodo, la Iglesia perderá su autoridad debido a la corrupción y el nepotismo, pero el alejamiento favorecerá el florecimiento de las instituciones ciudadanas en Roma. Sin embargo, las luchas intestinas entre las familias nobles de la ciudad, los Orsini y los Colonna, continuarán marcando la política municipal. Será éste el momento elegido por Cola di Rienzo para poner en marcha su proyecto de República romana. Este singular personaje, nacido en 1313 en el seno de una humilde familia, alcanzó el notariado, tuvo amistad con Petrarca y adquirió un gran conocimiento de la historia antigua de Roma. Su aparición en la escena política romana coincidió con la revuelta popular que derribó en 1343 el gobierno del Senado, controlado por los principales linajes de la ciudad, e instauró el de los trece "boni homines", que representaban a las corporaciones urbanas. Cola fue enviado por el nuevo consejo a Aviñón en 1343, con la intención de que explicara a Clemente VI las razones del cambio de gobierno y la anarquía política que había vivido la ciudad hasta la fecha. Pese a la desconfianza de la Curia pontificia, Cola fue recibido por el Papa y retornó a Roma en 1344 con el cargo de notario de la Cámara Municipal, título que utilizó para consolidar su posición política.
Los estudiosos del personaje han puesto de manifiesto su excepcional elocuencia y su encanto personal. Partidario del igualitarismo mesiánico de Joachim de Fiore, parece que Rienzo odiaba profundamente a la alta nobleza. No obstante es posible ver en Cola di Rienzo, como han puesto de manifiesto M. Mollat y Ph. Wolff, "una mezcla de sinceridad e intriga, de violencia y seducción, de idealismo y pragmatismo, de rusticidad y cultura". 

Apoyado en el "popolo" y en la "gentilezza" (grupo integrado por la pequeña aristocracia y los comerciantes), Rienzo recibió el poder de la ciudad de Roma en 1347. Así se expresa, a propósito de estos acontecimientos, el cronista G. Villani: "Por aclamación fue elegido tribuno del pueblo e investido de la señoría en el Campidoglio". El 20 de junio del citado año Cola di Rienzo subió al Capitolio, recibiendo cuatro días después el título de tribuno, que le fue renovado unos meses más tarde con carácter vitalicio. Pero más allá de los solemnes fastos, celebrados al modo de la antigua historia de Roma, la principal obsesión de Cola di Rienzo era acabar con la alta nobleza, lo que explica la afirmación de Villani: "Algunos de los Orsini y los Colonna, así como otros de Roma, huyeron fuera de la ciudad a sus tierras y a sus castillos para escapar al furor del tribuno y del pueblo". Pero el tribuno estaba asimismo muy interesado en perseguir viejos males que estaban anidados en la sociedad romana, como el vicio y la corrupción. Claro que al mismo tiempo decidió organizar espectáculos aparatosísimos, como el que tuvo lugar el día 15 de agosto en la iglesia de Santa Maria la Mayor de Roma, acto en el que Rienzo fue coronado. El historiador Dupré-Theseider calificó al citado acto de "caricatura fantástica de la coronación imperial". Es posible, no obstante, que desde aquel momento comenzara el declive del tribuno. Excomulgado por el Papa, que le acusó de usurpación, Cola di Rienzo perdió el poder en diciembre de 1347. Su regreso, siete años después, fue un mero apéndice. Las aventuras de Cola di Rienzo concluyeron en el otoño de 1354 con su asesinato y el restablecimiento pleno de la administración pontificia en Roma. De todas formas, la odisea de Cola di Rienzo, en la que había simultáneamente tanto aspectos políticos como sociales, y en la que el elemento personal desempeñó un papel decisivo, fue de una originalidad indiscutible.
Roma vivirá en sus propias carnes el Gran Cisma de Occidente. El Cisma de Occidente se produce cuando a la muerte en el año 1378 de Gregorio XI -que había trasladado a Roma la sede papal desde Aviñón-, los cardenales romanos eligieron como sucesor a Urbano VI. Un colegio de cardenales disidentes se opusieron al candidato romano y proclamaron a Clemente VII, lo que originó la división en el seno de la Iglesia. Tras diversos proyectos de solución -Via Cessionis, Via Compromissi y Via Conventionis- se intentó llegar a un acuerdo con la apertura de un concilio en Pisa (1409) donde se eligió a un nuevo pontífice, Alejandro V. Resulta evidente que tres papas no era ninguna solución, por lo que se convoca un nuevo concilio, esta vez en Constanza (1414) donde son declarados depuestos los tres pontífices y elegido Martín V, lo que supuso la extinción del Cisma. 


En 1420 los papas regresan definitivamente a Roma. Durante la ausencia pontificia, la ciudad había iniciado un periodo de franca decadencia, sufriendo una gradual despoblación, desabastecimiento e insalubridad. Los pontífices decidieron restablecer su autoridad y convertir esa ciudad arruinada en una capital digna de la Iglesia Universal. Llevaron a cabo una política anti comunal e instituyeron una burocracia encargada de dirigir el gobierno urbano. La Curia se convertía en una compleja administración constituida por cinco consejos, a cuya cabeza estaba el papa y el Colegio Cardenalicio. Las grandes familias nobiliarias pugnaban por formar parte de la Curia, al tiempo que los propios pontífices RESERVABAN los puestos más importantes para sus familiares y parientes. En los últimos años del siglo XV las obras salpicarán todos los rincones de la ciudad para convertirla en un nuevo referente artístico.